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                                                                PROFILAXIS ANTITROMBÓTICA EN CIRUGÍA ORTOPÉDICA
                                                                                                    Revisión de la Evidencia actual

Todo paciente sometido a una Cirugía de los miembros inferiores es susceptible de sufrir una Trombosis venosa profunda (TVP) asociada o no a un Embolismo pulmonar (EP); siendo las operaciones por fractura de cadera y las substituciones articulares protésicas las más propensas, con riesgo y amenaza para la vida de estos enfermos.

Esta entidad que a veces cursa de forma asintomática, en otras se manifiesta por aumento de  la sensibilidad, edema, aumento de la temperatura, palidez o en otros casos cianosis, edema y la aparición en ocasiones de un cordón duro y doloroso siguiendo el trayecto de la vena.
Varios son los factores que pueden dar lugar a la aparición de un trombo en el interior de una vena; citándose en primer lugar, la lesión del endotelio vascular debida a torsión o estiramiento venoso, lo cual promueve la liberación de Tromboplastina, desencadenando la cascada de la coagulación. Estos trombos que se expanden proximalmente, pueden estar localizados en los segmentos poplíteos, femorales o ilíacos; siendo estos dos últimos los que con mayor frecuencia generan tromboembolismo pulmonar.

Se ha demostrado que el rimado del canal medular también desencadena trombos, lo cual ha motivado discusiones en cuanto al uso preoperatorio de los anticoagulantes.
Factores tales como la edad (mayores de 50 años), obesidad, enfermedad neoplásica,
antecedentes de TVP previa, insuficiencia cardíaca, etc. son muy importantes en la génesis de la enfermedad tromboembólica venosa.

El embolismo pulmonar de aparición brusca y de muy difícil tratamiento se caracteriza por un cuadro de Cor pulmonale agudo con dolor tipo punta de costado, fallo del corazón derecho y signos de Hipertensión pulmonar. En ocasiones la oclusión vascular es tal, que produce infarto pulmonar extenso y muerte súbita.

Ante la dificultad del tratamiento de estas dos entidades (TVP y EP), la Profilaxis cobra
gran relevancia. Friedman en un estudio multicéntrico, sobre 10929 pacientes operados por fractura de cadera o implante protésico, encontró una prevalencia de TVP de un 48% de los casos que no habían recibido ningún tipo de profilaxis, mientras que esta prevalencia se redujo a un 20.8% en los casos a los cuales se le aplicó un Protocolo Profiláctico. Asimismo encontró una prevalencia de un 7.89% de EP; ocurriendo un desenlace fatal por  muerte en el 1.4% de estos casos.
Coventry, en un estudio de 2012 pacientes operados por fractura de cadera y substitución  articular, encontró una reducción significativa de EP fatal de 3,4% en casos sin Profilaxis a un 0.05% en los casos en que se utilizó la Profilaxis.

Las medidas profilácticas a utilizar son de orden farmacológico y mecánicas, considerándose ambas de igual importancia.

FARMACOLÓGICAS
Las Heparinas no fraccionadas (Sódica o Cálcica) actúan activando la antitrombina III
que inhibe al factor X (Stuart-Prower). Enzima catalizadora necesaria para la formación
de Trombina a partir de la Protrombina. Las Heparinas de Bajo peso molecular (Enoxaparín, Dalteparín, etc.) actúan selectivamente inhibiendo al factor Xa, con la ventaja de una vida media mayor que las anteriores y una unión a proteínas plasmáticas menor, lo cual trae aparejado la utilización de dosis menores y sólo una vez al día.

Los pentasacáridos sintéticos (Fondaparinux), el anticoagulante más reciente. Es un
inhibidor selectivo de la Trombina. Dosis pequeñas por vía SC han disminuído en un 96% la frecuencia de DVP y EP. Los Dicumarínicos (warfarina) actúan inhibiendo la síntesis de los factores que requieren de la Vit. K en su formación. La Aspirina (ASA), para algunos de dudosa efectividad. Actúa como antiagregante plaquetario, inhibiendo a la ciclo-oxigenasa I productora de Prostaglandinas (Tromboxano). No tiene efecto sobre los factores plasmáticos de la cascada de la coagulación

MECÁNICAS:
 •Fisioterapia: Indicación de ejercicios Isométricos e Isotónicos pasado el efecto anestésico.

•Elevación de Miembros Inferiores, recomendándose que  los pies de la cama, sea ascendida no menos de 30 cm.

• Compresión venosa  intermitente,  “pantalones”  diseñados al efecto.

•Medias elásticas de compresión creciente.

•Deambulación precoz: con carga parcial de peso. Hoy día todas las técnicas quirúrgicas para las fracturas de cadera, y substitución protésica persiguen este objetivo.

Estímulos eléctricos al Tríceps sural, con el ánimo de estimular la bomba venosa, venciendo el gradiente de presión ascendente y acelerando el retorno venoso.

Debe señalarse que aunque la anestesia y analgesia espinal o epidural, no están
consideradas dentro de las medidas profilácticas, se ha observado una menor frecuencia de episodios tromboembólicos después del uso de estas vías. La principal advertencia es que si se utiliza Heparina, ésta debe administrarse entre 10 y 12 horas después de realizada la punción o retirado el catéter; por la ocurrencia de Hematoma raquídeo con posibilidad de parálisis irreversible.
 

La elección del anticoagulante, es hoy en día cuestión muy controversial. Mientras que los norteamericanos abogan por los Dicumarínicos, en Europa y Latinoamérica utilizan las Heparinas, principalmente las de bajo peso molecular.

Estos tratamientos deben de ser monitoreados para evitar la hemorragia: principal  complicación de su uso. Así se usará para la warfarina, el Tiempo de Protombina y hoy día, más actualizado “la razón normalizada internacional” (INR) que se obtiene dividiendo el TP del paciente entre el TP del patrón y cuyos valores normales oscilan entre 0.9 y 1.1; en el caso de las Heparinas no fraccionadas se utiliza el “tiempo parcial de tromboplastina” (TPT-Kaolín) cuyo aumento en 20 segundos o más por encima del patrón normal (30-55seg.) ya debe de considerarse patológico.

Se plantea que ni las HBPM ni el Fondaparinux, requieren monitoreo.

Actualmente se sigue investigando sobre nuevos fármacos que hagan más fácil y segura
la utilización de estos productos en protocolos que puedan ser seguidos por los pacientes en medio extrahospitalario, ya que ése ha sido el obstáculo mayor a este tipo de tratamiento; sobretodo si se tiene en cuenta que un episodio tromboembólico puede aparecer desde el propio acto quirúrgico hasta dos meses pasado el mismo.